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¿En qué estaba pensando el Congreso?

31 de Mayo 2019 Columnas

Señor Director:

La discusión abierta por la eliminación de la enseñanza obligatoria de la historia en tercero y cuarto medio contiene diversos niveles y espacios de discusión, pero una constante se repite: la responsabilidad es del Congreso, no del Ejecutivo.

El Congreso, de manera demasiado condescendiente con las reclamaciones políticamente correctas, aprobó en 2016 (antes de que comenzara este gobierno) el ramo de Educación Ciudadana, lo que obligó a los investigadores del Mineduc (cuya labor es loable, a pesar de lo que en general se sostiene) a rebanarse los sesos para ajustar el nuevo currículo. En efecto, una semana escolar tiene horas finitas, lo que, nos guste o no, obliga a quitar por acá lo que queremos aumentar por allá. Los filósofos se cuadraron con su disciplina y lograron mantener sus horas; los historiadores, por el contrario, reaccionaron tarde y ahora alegamos (me incluyo) ante lo que nos parece un error que puede traer consecuencias desastrosas para el conocimiento crítico.

El Legislativo aprobó también en 2009 que fuera un ente autónomo, el Consejo Nacional de Educación, el que decidiera los cambios curriculares. Es decir, al Mineduc le ha tocado implementar, no inventar, las decisiones de un puñado de individuos que, me atrevo a decir, poco o nada saben de historia y de su importancia para comprender el presente que viven. Pero, otra vez, el Consejo cumplió con el mandato que el propio Congreso le asignó. Ni el gobierno de Bachelet ni el actual son, entonces, responsables de lo que está ocurriendo. Son los diputados, muchos de los cuales hacen gárgaras hoy al ver lo impopular de la medida. Los mismos que, en el último año y medio, han enviado cerca de diez proyectos de creación de asignaturas al Mineduc, pero sin explicitar a cuál de las vigentes le restarían horas.

Nuestras aprensiones no alcanzan, empero, para cambiar una decisión que ya ha tomado el curso de la inevitabilidad. A lo más, como gremio podremos reunirnos, pensar medidas futuras conjuntas, reclamar que el conocimiento aprendido a través de años de estudio puede servir para las próximas discusiones curriculares. Intervenir, en otras palabras, en lo que está por hacerse, no en lo que, por arte y magia del Congreso, ya se aprobó. Enfatizar la importancia de la historia sirve sin duda para crear conciencia. Sin embargo, ahora es tiempo de pensar política más que disciplinarmente. Si el Congreso es donde se toman decisiones de este tipo, entonces es allí donde debemos influir.

Publicada en El Mercurio.

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