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En nombre de Dios

14 de octubre 2016 Noticias

Señor Director:

Afirma ayer el señor Juan Antonio Muñoz que las sesiones del Parlamento debiesen abrirse en nombre de “un misterio que no podremos dilucidar” —un misterio al que el señor Muñoz debe tener algún acceso, ya que no duda en adjudicarle adjetivos (“intangible, creador y bondadoso”).

Pero nada de esto tiene sentido. Bien entendida, la pregunta de si las sesiones deben abrirse o no en nombre de Dios, no tiene nada que ver con su existencia —sea esta cierta, probable, o su negación inverificable—, ni con su carácter. No es una discusión epistemológica. Se trata de una discusión sobre qué invocaciones son apropiadas en el espacio en el cual la voluntad ciudadana cristaliza en exigencias legales mutuas. Si una invocación tiene aquí sentido, debe referir a lo que nos une como ciudadanos, y no a lo que nos separa como individuos (las respuestas a la pregunta sobre la vida buena).

Abrir las sesiones “en nombre del pueblo”, como propone la diputada Vallejo, es un candidato apropiado.

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