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El puerto topo

21 de Marzo 2021 Columnas

Esta semana el periodista Juan Cristóbal Guarello aprovechó la tribuna de la radio ADN, para dar su visión del estado de abandono en que se encuentra la ciudad de Valparaíso y la responsabilidad del alcalde Jorge Sharp en esta crisis: “Ta’ pa’ la caga Valparaíso”, dijo textual. “Que mal está Valparaíso, que abandonado está Valparaíso, qué falta de políticas hay en Valparaíso, qué chiflado está Sharp, se le escaparon las vacas dentro del ascensor hace rato”.

A esta particular metáfora agregó: “La verdad es que llega a dar pena, yo sé que esto es un programa de deportes, pero Valparaíso no se merece eso. A la calle Condell le dicen la calle se arrienda, ya no hay ningún local”.

La imagen que describió Guarello sobre Valparaíso, inevitablemente, nos conecta con la película-documental, Agente Topo, recientemente nominada a los premios Óscar como mejor documental.

La directora, Maite Alberdi, nos muestra la vida en un asilo de ancianos, a través de un infiltrado, rol interpretado por Sergio Chamy. Se trata de un hombre viudo que acepta el trabajo de espía para ingresar al lugar y verificar que la madre de una clienta no está siendo víctimas de abuso dentro del asilo.

Definir qué es El agente topo, es tan difícil como tratar de definir hoy qué es Valparaíso. ¿Una ciudad puerto, turística, universitaria, dormitorio? ¿Qué es El agente topo? ¿Una película? ¿Un documental?

Aunque no hay actores y se ven las cámaras, otras veces vemos escenas preparadas, como los informes que debe entregar el protagonista al detective. La mayoría de la imágenes son testimonios reales, pero a ratos parece más bien una película.

¿No es Valparaíso un poco así? Una mezcla de cosas: edificios monumentales mezclados con espacios vacíos o supermercados chinos. Casas de cuento con edificios modernos, cerros de ensueño y otros lugares que han sido víctimas del abandono.

Y es que la imagen de Sergio o el “Agente Topo” de 84 años, no es muy distinta a la de la ciudad porteña.  Aunque los años han hecho lo suyo, muestra una distinción y nobleza que revelan un pasado digno. Su prestancia se asemeja a la de una ciudad que, alguna vez, fue esplendorosa y que hoy se resiste -aunque cada vez con menor fuerza- a los embates del vandalismo y la pandemia.

En esta misma línea, la película – documental tiene un elemento distintivo y son las escenas absurdas e insólitas en las que uno no sabe si reír o llorar. Valparaíso tiene también algo de eso. Basta con recorrer sus calles para encontrarse con hechos raros y curiosos que, aunque para quienes viven en la ciudad pueden resultar normales, para el resto de los mortales servirán de material de conversación para el almuerzo o en la próxima junta, frente a la incredulidad de los espectadores.

Hay además humor y alegría en la película, al igual que en el puerto, donde distintas clases sociales confluyen en el plan sin hacer distinciones, compartiendo bromas y apodos, la nostalgia por un pasado de gloria y la esperanza de reverdecer laureles.

La directora Alberdi a través del Agente Topo, al igual como hizo Guarello con sus declaraciones sobre Valparaíso, nos transporta a un mundo incómodo que, aunque sabemos que existe, nos negamos a ver.

Luego de investigar la situación del asilo y del “blanco” en particular -la señora a quien debía espiar- don Sergio llega a una conclusión: no hay abusos en el hogar, lo que hay es soledad y pena. No es muy distinto a lo que sucede con nuestra ciudad que ha sido víctima del abandono de sus hijos. Los mismos que nacieron en algunos de los tantos hospitales que tenía la ciudad, que estudiaron en algunas de sus prestigiosos colegios y que se formaron en una de las tantas universidades de Valparaíso, se marcharon hace tiempo y no volvieron jamás.

Finalmente, y tal como ocurre en el documental con los ancianos abandonados, el puerto llora de pena por la ingratitud de quienes vio nacer, crecer y formarse como profesionales y que ahora le dan la espalda en uno de los momentos más críticos de su historia.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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