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El Paternalismo Rentista de las Farmacias

23 de Septiembre 2019 Columnas

El gobierno anunció hace pocos días que va a presentar una indicación al proyecto de ley de fármacos, que actualmente se discute en el congreso, para poder eliminar la exclusividad que actualmente tienen las farmacias para vender medicamentos sin receta. Esto permitiría que ese tipo de medicamentos se pueda vender en supermercados y minimarkets, entre otros lugares.

Una medida de este tipo, en base a la experiencia de los países que la han implementado, tiene tres efectos positivos importantes. El primero, es que la entrada de más actores a la venta de medicamentos sin receta aumenta la competencia y eso hace que bajen los precios. La disminución de precios beneficia fuertemente a los consumidores que usan y necesitan esos medicamentos, pero obviamente perjudica a las farmacias que van a tener que vender más barato porque van a enfrantar más competencia. No es posible sdaber cone xactitud cuál es l amagnitud de la disminución de precios, la cual además va a depender de cada medicamento. La evidencia conocida es que, por ejemplo, Dinamarca liberalizó en 2001 y los precios bajaron entre 6% y 9% el primer año; en Portugal se liberalizó el 2005 y los precios diminuyeron entre 5% y 6%; en Italia 6,6%; en Finlandia hay medicamentos, como los de terapia de reemplazo de nicotina, que disminuyeron 15% su precio cuando se permitió su venta fuera de las farmacias; y en Suecia la liberalización tuvo como efecto una mayor oferta de distintas marcas de medicamentos sin receta y los precios de los medicamentos para el dolor y la fiebre (paracetamol e ibuprofeno) y para las alergias, disminuyeron entre 15% y 40%.

El segundo efecto positivo, es que mejora el acceso a los medicamentos sin receta tanto geográficamente como en términos de horario. Este efecto puede ser importante en Chile, no solo en zonas rurales so en las casi 60 comunas del país dónde no hay farmacia, sino también en muchas comunas y barrios donde hay solo una farmacia y/o los horarios de atención son limitados.

El tercer efecto positivo, es que facilita que algunas dolencias menores, como dolores de cabeza sean tratadas por las mismas personas sin necesidad de la intervención de un médico o ir a un consultorio, lo que permite un mejor uso de los recursos público de salud en general.

A pesar de todos los efectos positivos y beneficios que tendría esta medida, ha enfrentado fuerte oposición en la discusión pública. Como es de esperarse, los dueños de las farmacias se oponen. Sin duda que una mayor competencia es una amenaza para su negocio y que bajen los precios disminuye las rentas que hoy obtienen al tener la exclusividad de la venta de medicamentos sin receta.

Son varios los argumentos que han utilizado para oponerse y muchos de ellos se basan en una preocupación desinteresada, paternalista y benevolente por la población. El principal, es que se aumentaría la automedicación y el riesgo de intoxicación al facilitar el acceso y abaratar el costo de los medicamentos. Es curiosa esa preocupación. Por un lado, no hay nada que actualmente impida la automedicación. Un apersona puede comprar casi la cantidad que quiera de un medicamento en una farmacia y, si le llegaran a poner límite, puede ir a varias farmacias a comprar hasta obtener la cantidad que quiera. Por otro lado, cuando uno va a la farmacia, muchas veces el mismo dependiente ofrece medicamentos en oferta e incentiva a comprar medicamentos adicionales. Finalmente, la realidad del país es que en las ferias libres se venden medicamentos, incluso los que necesitan receta, en condiciones precarias de envase, etiquetado y temperatura, sin siquiera saber si están vencidos. La venta en otros establecimientos, como supermercados, mejora la venta en todas esas dimensiones, incluyendo que no hay un dependiente incentivando a comprar otros medicamentos. Puede que incluso disminuya la automedicación gracias a eso.

El argumento paternalista tiene más cara de proteger las rentas y el negocio, que de verdad proteger a la población. Es curioso además escuchar ese argumento por parte de quienes durante años, hasta que se prohibió legalmente, usaban la práctica de “la canela” para incentivar y vender más medicamentos, sobremedicando a la población que hoy quieren proteger. Por eso, me parece relevante que quienes se oponen, en especial con argumentos paternalistas, respondan algunas preguntas básicas respecto a uno de los efectos negativos que tiene la exclusividad de venta en farmacias: ¿Por qué tienen que pagar precios muy superiores por los medicamentes que consumen, y muchas veces necesitan, la enorme cantidad de chilenos que ni se intoxica ni se sobremedica? ¿Por qué las farmacias tienen que tener rentas e ingresos sobrenormales para supuestamente proteger a la población de si misma?

Publicado en EntrePiso. 
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