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El futuro del empleo regional

5 de Enero 2021 Columnas

El dinamismo económico del siglo XIX en Valparaíso parece hoy un cuento de hadas. Los tiempos en los que la región se percibía como un polo natural de desarrollo industrial para Chile, la puerta hacia el pacífico donde nacieron muchos primeros (diario, bus eléctrico, etc.), parecen haber quedado atrás y con pocas expectativas de que esto cambie. Hoy, nos vemos sumidos en algo que más bien parece una pesadilla que se evidencia con particular crudeza en la realidad de los trabajadores: el desempleo y las bajas expectativas laborales.

La pandemia dejó al descubierto nuestras debilidades y peores defectos en nuestras economías. La región de Valparaíso, que en el pasado era ejemplo a seguir, es hoy un modelo que muchas ciudades y economías intentan evitar. Hoy tenemos una de las peores tasas de desempleo, y somos la penúltima región en recuperación de empleo (solo siendo superada por la región de Los Lagos), con 170 mil empleos menos que hace 12 meses. Si bien, algunas autoridades se han mostrado positivos a las noticias de la reactivación laboral en los últimos meses, los trabajadores y las empresas saben que esto es temporal. Así lo muestran los datos: de los 45mil empleos que se recuperaron en el último periodo del que se tienen datos (trimestre Agosto-Octubre), 33 mil son informales, un 73%.

La informalidad laboral es un problema real y más urgente y profundo de lo que se piensa. Primero, las personas trabajando informalmente tienen bajo o nulo acceso a la seguridad social (previsión y salud). Esto no solo es problemático por sus perspectivas futuras de retiro y salud, sino porque da cuenta que tenemos una economía y una sociedad acostumbrada a tener trabajadores de dos clases. Segundo, ser informales también les afecta económicamente, aún más en el contexto de la pandemia. En cada retiro del 10% previsional, dinero que para muchos ha significado un real alivio, las autoridades salen alarmadas a decir que mucha gente ya ni siquiera tiene fondos que retirar. Tercero, existen efectos negativos de tener un 30% de la población con una mala autopercepción de su rol en el mercado laboral. Hay una estigmatización fuerte de parte de algunas autoridades a los informales a los cuales se les caricaturiza como si todos fueran personas que trabajan de ambulantes. Esto es simplemente falso. Hay 150 mil personas ocupadas de manera informal en la región que tienen niveles de educación técnica y universitaria, de las cuales, los primeros 4 sectores que concentran más trabajadores informales con media-alta educación son: Comercio, Manufacturas, Construcción, Salud. Debemos actuar urgentemente, porque ya estamos atrasados varios años en esto, y el futuro nos pasará por encima como lo ha venido haciendo en los últimos años.

Para esto, debemos aceptar una cruda realidad: Muchos de los casi 200 mil empleos que se perdieron en la región a causa de la pandemia no van a recuperarse, nunca. Hablo de todos esos trabajos simples y rutinarios, que se automatizaron, se realizan ahora de manera remota y con menos horas, que ahora los realiza algún software o una máquina. Esos trabajos simplemente dejaron de existir y las personas que se desempeñaban en ellos ya no tienen donde volver. A eso debemos sumarle los cambios de hábitos de consumo de muchos quienes han encontrado el paraíso en consumo on-line y de aquellos que se han vuelto verdaderos master chefs de su cocina y ven como una cosa del pasado la comida fuera de casa. El futuro del trabajo ya está aquí, y demanda que repensemos nuestra economía, para generar actividades que demanden empleos con mayor valor agregado.

Somos una región con una economía laboral hiperconcentrada en servicios, turismo y comercio, que explica los bajos índices de complejidad económica, pero que además nos deja a la merced de los vaivenes del mercado y las crisis sociales y sanitarias. Valparaíso necesita volver a sus orígenes, esos tiempos en los que se proyectaba como el núcleo económico y central de un país pujante que no solo concentraba su desarrollo en Santiago, sino que veía y entendía el territorio como un ente armónico e interconectado que proyectaba sus ventajas comparativas en las decisiones de desarrollo e inversión.

La buena noticia es que las crisis nos dan la oportunidad de cambiar. La pandemia ocurre al mismo tiempo de la elección de gobernadores regionales, de nuevas elecciones de alcaldes, y en general en un tiempo en donde la ciudadanía se muestra mucho más consciente y vigilante del actuar de las autoridades.

Los y las porteñas ya no quieren ser el hermano chico de un Santiago que nos hace bullying de marzo a diciembre, pero que nos toma en cuenta solo en verano cuando tenemos algo mejor que él, clima. La descentralización por inicial y limitada que parezca, es un paso importante que puede ayudar a encender nuevamente el sentir local y dar pie a las regiones a empoderarse en busca de un futuro más protagonista.

Necesitamos elevar el debate regional sobre nuestras necesidades y prioridades. Planes de gobierno regional son muy necesarios, no solo para tener un objetivo claro, consistente y realista con las necesidades, sino especialmente para aglutinar la poca fuerza que nos va quedando entre todas y todos los actores sociales en pro del bien común local. El siguiente gobernador/a regional (y los/las representantes municipales) no puede darse el lujo de tener un discurso divisivo, sería una oportunidad perdida a la gula de la política sectorial y partidista que tanto detesta nuestra sociedad actual.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

 

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