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El fin de la (PSU de) Historia

12 de Enero 2020 Columnas

Uno siempre comienza el año con la esperanza de que sea mejor que al anterior, pese a que con el 2019 las expectativas eran bastante humildes, los tempranos hechos relacionados con la Prueba de Selección Universitaria (PSU) nos mantienen en la misma dinámica de pesimismo e incertidumbre.

En términos generales, volvemos al tema de la falta de institucionalidad y la pérdida de confianza del país para ser capaz de organizar eventos como este. Lo que antes era un motivo de orgullo para Chile, una marca registrada, hoy es justamente lo contrario.

En términos más específicos, hemos sido nuevamente testigos de cómo basta con tener un pequeño grupo de violentistas para arruinar los sueños de una gran masa de personas, en este caso, estudiantes que esperaban rendir la prueba de forma pacífica. Junto con esto, las autoridades han vuelto a mostrar la falta de aptitudes y desconexión con la realidad. Una evidencia son las declaraciones del rector Aldo Valle, vicepresidente del Consejo de Rectores de las Universidad de Chile (CRUCh), quien, pese a todas las advertencias, reconoció que no imaginaron que esto podía ocurrir.

Una de las consecuencias de esta falta de previsión y de resguardos ha sido la anulación de la PSU de Historia, Geografía y Ciencias Sociales. Esto resulta doblemente grave. Por un lado, se trata de un instrumento relevante para aumentar las opciones de un alumno que quiere estudiar una carrera ligada a las humanidades. Por otro, se mantiene como una constante la pérdida del valor de la Historia para las autoridades.

Aunque la recomendación venga de muy cerca, la Historia tiene un valor fundamental en la construcción de un Estado. Las primeras autoridades lo comprendieron muy bien y por eso, en las primeras décadas, le encargaron a Claudio Gay la redacción de una Historia Oficial de Chile, conscientes de que es un elemento que entrega cohesión a la población. Por esta razón, un requisito fundamental en algunos países desarrollados, es que para obtener la ciudadanía, el postulante sea capaz de demostrar un conocimiento de la historia del país en el que pretende vivir.

En Chile, en cambio, desde hace algún tiempo, a las autoridades pareciera no importarles la Historia. Quizás, en buena medida, porque han sido los mismos profesores quienes hemos contribuido a esta desvalorización insistiendo en la memoria y la repetición automática de contenidos como parte fundamental de esto.

Sin querer caer en el cliché de la importancia que tienen la Historia para no cometer los mismos errores del pasado, me parece mucho más relevante insistir en la importancia que tiene esta disciplina para el desarrollo de habilidades que hoy día se echan tanto de menos en las actuales generaciones. Me refiero en específico, al capital cultural y a las habilidades cognitivas y actitudinales hacia las que apunta, en la actualidad, la PSU de Historia, Geografía y Ciencias Sociales.

Aquí no estamos hablando de saber en qué año fue la independencia, quién fue José Manuel Balmaceda o saber qué significa el sistema ISI (ideal si un alumno lo supiera), pero más importante todavía, es entregarle las herramientas para que pueda acceder de forma autónoma a ese conocimiento, distinguiendo lo verdadero de lo falso, interpretando y siendo capaz de elaborar sus propias teorías y conclusiones.

Las herramientas que puede entregar tanto la Historia como las Ciencias Sociales, van justamente en la línea contraria de cómo se informan los jóvenes a través de las redes sociales. El éxito de las RRSS se basa en que van mostrando las noticias, imágenes y videos según los intereses de cada individuo, se presenta solo una parte de la película, aquella que queremos ver, polarizando la realidad y generando, más peligroso todavía, una falsa sensación de estar informados, cuando en realidad estamos haciendo precisamente lo contrario.

Aunque escrito a mediados del siglo XIX, John Stuart Mill, en su famoso libro Sobre la Libertad, criticaba esa falta de discernimiento que hoy observamos en los jóvenes producto de las RRSS: “Quien permita que el mundo, o la parte de él en que vive, elija por él su plan de vida no precisa de más facultades que la de la imitación, como los monos”. La Historia y la Filosofía, tan vilipendiadas en nuestro sistema educacional, pudieron haber sido claves en fomentar la reflexión de los jóvenes. Por el contrario, hoy estamos cosechando su progresivo abandono.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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