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El desafío de la universidad innovadora en Chile

6 de Marzo 2020 Columnas

Chile ha logrado algunos avances en materia de innovación, sin lugar a dudas. Incluso con un bajo gasto en investigación y desarrollo (I+D), hemos logrado mejorar en rankings globales, como el de Bloomberg 2020, el que al mismo tiempo también reflejó nuestras debilidades. Una de ellas es la vinculación entre investigación e innovación.

El financiamiento basal de las universidades, los sistemas de acreditación y la mayoría de los rankings de calidad de universidades se enfocan principalmente en la producción científica, medida por publicaciones indexadas. Si bien esto tiene su propio mérito, e induce a los planteles de educación superior a enfatizar estas variables en el ascenso en la carrera académica, lamentablemente, resta importancia a la vinculación con el medio.

Chile subió de la posición 58 a la 51 en el índice de innovación de Bloomberg 2020, cuyo foco está en la capacidad de innovación tecnológica y sofisticación productiva de las economías.  Los indicadores en los que quedamos mal posicionados son:  I&D en el lugar 58; densidad de empresas en alta tecnología, con el lugar 56; y capital humano avanzado involucrado en I&D, con la posición 53.  Las mejores posiciones y el mayor avance de Chile se sitúan en la educación terciaria, con un notable lugar 22 y en patentes donde nuestro país alcanzó la posición número 39. Esto último destaca si consideramos nuestro bajo gasto en I&D.

Estas dos últimas variables explican la mejoría en este índice con respecto al año anterior.  Por una parte, el aumento del enrolamiento en educación terciaria de la cohorte de 2018 y la mayor proporción de estudiantes terciarios en carreras tecnológicas, lo cual se debe a  mayores facilidades de financiamiento para estudiantes de menores ingresos. Por otra, están los avances en patentamiento durante los últimos años lo que ha sido posible, principalmente, gracias a los programas implementados por CORFO. Estas iniciativas han impulsado a las universidades a enfocarse en la transferencia de tecnología y en la innovación con  oficinas y hubs de transferencia tecnológica, así como de ingeniería y ciencia 2030 que han enfatizado la innovación.   Sin embargo y aunque ambas variables son condiciones necesarias para desarrollar una sociedad innovadora, no siempre son suficientes. Podemos definirlas como insumos que pueden incidir en innovación, pero no miden directamente la innovación en bienes y servicios transferibles a la sociedad.

En este sentido, destaco los incentivos de Corfo, que enfatizan el rol de la universidades respecto a la vinculación con el medio y, en particular, con la industria como una función fundamental que cruza transversalmente todas las otras funciones que estas desarrollan. La vinculación con la industria es de carácter bidireccional, aporta al desarrollo de la innovación empresarial, pero al mismo tiempo se nutren de las demandas y necesidades de las empresas que innovan en el mercado.

Para transformar estos indicadores promisorios en resultados de innovación, se deben abordar múltiples desafíos.  Desde la creación de capital social y  la confianza necesaria que permitan estimular la interacción y sinapsis en el ecosistema, clave para estimular la innovación abierta, hasta un cambio profundo de los incentivos en el sistema universitario. En este sentido, los sistemas actuales de financiamiento y acreditación para las universidades complejas no han contribuido a ampliar la labor de las universidades.

Con la creación del Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación y los nuevos criterios de acreditación institucional, existe una nueva oportunidad para generar una mayor coherencia en los incentivos a las universidades y para enfatizar el aporte que pueden realizar al desarrollo nacional. Las universidades deben fortalecer la incorporación de competencias para la innovación y emprendimiento; promover la creación de postgrados profesionales con foco en la  industria; desarrollar capacidades de asesoría e investigación por contrato para apoyar los procesos de innovación abierta de las empresas; impulsar políticas de licenciamiento de tecnologías, así como  la creación de empresas de base tecnológica. El avance hacia desarrollo requiere innovar para sofisticar nuestra economía, tal como nos recuerda el índice de innovación Bloomberg 2020.

 

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