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El Chile que no vemos

24 de Mayo 2021 Columnas

Uno de los aspectos más relevantes en medio de las declaraciones cruzadas, expectativas, análisis políticos y autoflagelaciones luego de la jornada electoral del fin de semana pasado, fue que, entre el sábado 15 y domingo 16 de mayo, participó menos de la mitad de las personas que pudieron haberlo hecho.

Las cifras indican que solo sufragó el 43,35% de los electores, correspondiente a 6.458.760 personas. Por lo tanto, hubo cerca de 8 millones y medio de personas que, por distintas razones, prefirieron quedarse en su hogar y no participar.

Este dato, muy significativo, no apunta a desacreditar el proceso y restarle mérito a esta jornada. Por el contrario, esas son las reglas del juego de la democracia y, por tanto, hay que aceptarla y respetarla. Por el contrario, esto me conduce a realizar un cuestionamiento profundo respecto a lo que pudiera estar pasando en nuestra sociedad y la poca capacidad que han tenido los medios de comunicación, sus analistas, los partidos políticos y, por supuesto, quienes estamos en la academia, para entenderlo.

Se me ocurren varias explicaciones, desde la señora que tuvo miedo a contagiarse hasta el que prefirió ver la infartante definición de la Liga española. Pasando por el que considera que votar es avalar un sistema pútrido y al que simplemente le dio flojera. Agreguemos otros argumentos que se han dado: que este sería el resultado de la crisis de la educación pública, un largo periodo sin clases de educación cívica o el cercenamiento progresivo de las clases de Historia. También podría ser una muestra más del individualismo del mundo moderno y de la anomia en la que ha enfatizado Carlos Peña. En fin, podría llenar páginas con una serie de conjeturas sobre lo que pasó el fin de semana pasado, reflexionando desde la comodidad de mi hogar calefaccionado, en un ejercicio intelectual que no necesariamente guarda relación con el mundo real. En definitiva, mi sensación es que el espectro de la abstención puede ser tan amplio como indescifrable, desde el señor que no fue a votar porque era partidario del Rechazo, hasta el anarquista que no cree en la democracia.

En realidad, lo que nos deja esta inédita jornada es que hay una gran parte del país que no estamos viendo, a la que no somos capaces de interpretar ni de comprender, aunque algunos, en un acto de soberbia intelectual o ceguera electoral se han negado a asumirlo.

Así lo vemos, por ejemplo, en los representantes de la Lista del Pueblo, título dado por ellos mismos y que les permite creerse en derecho de ser la voz de una gran mayoría y arrogarse una serie de mandatos en pos de esta misión.

Resulta interesante comprobar, contrario a las altas expectativas de la voz del pueblo, que aquellos personajes que fueron los rostros visibles de lo que sería un descontento con el sistema, como Luis Mesina, símbolo de NO+AFP, Mario Aguilar, ex Presidente del Colegio de profesores, no hayan obtenido los votos suficientes para ser miembros de la Asamblea Constituyente.

Esta incapacidad para leer el ambiente e ir acorde con los tiempos tiene su máxima expresión en los partidos políticos, cuyas estructuras decimonónicas ya empiezan a mostrarse en una fase terminal, al tratar de seguir insistiendo en una dinámica y forma de hacer las cosas cada vez más lejana a las actuales generaciones.

Algo similar ocurre con la franja electoral, tal como lo mencionó el flamante constitucionalista Agustín Squella en una columna: “habría que revisar ese espacio para futuras elecciones porque está ya a punto de transformarse en causa principal de la abstención”.

Finalmente, y a modo de conclusión, más que buscar una solución forzada, como podría ser volver al voto obligatorio, debemos tratar de hacer un acto de humildad intelectual respecto a nuestra incapacidad para comprender a esta mayoría silenciosa que pareciera transitar de forma indiferente por un Chile paralelo. Y, junto con esto, avanzar hacia este sector para conocerlo e intentar involucrarse en un sistema que, para que realmente funcione, debe tener comprometidos a la mayor parte de los ciudadanos.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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