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El año del tigre

2 de Enero 2022 Columnas

“No creo en brujos, Garay, pero que los hay, los hay”, reza el dicho popular. Y por lo mismo, decidí echarle una mirada al horóscopo chino, que plantea que el 2022 es el año del “Tigre de agua”, el que se conoce como “la mayor de las bestias” en el país oriental, donde “es un símbolo de fuerza, de fin de los males y de valentía”.

La lectura que se hace de aquello es que el 2022 será un gran periodo, pues este animal espantaría la mala suerte. Ojalá Dios lo escuche y el diablo se haga el sordo.

#Nuevo presidente. En todo caso, no solo esos presagios son positivos. También lo son –hasta ahora- las expectativas ciudadanas. Quizás marcada por el espíritu navideño, la última encuesta Cadem del año, muestra que un 55% de los consultados cree que a Chile le irá bien o muy bien con el presidente electo, Gabriel Boric.

Pero el nuevo mandatario vivirá este año una constante tensión, entre su alma de revolucionario estudiantil y mandatario realista, a partir también de lo que la situación le dicte y esto no será fácil con el frenazo económico que se ha adelantado, el Parlamento en extremo fragmentado, la pandemia todavía presente y, quizás lo más complejo, la moderación de las expectativas ciudadanas, las que pueden determinar un final demasiado temprano de la luna de miel entre el gobierno y los chilenos. Él parece estar consciente de aquello y por eso ya dijo que “es bueno no idealizar a nadie y en eso por cierto me incluyo”.

Otro problema será mantenerse como líder del oficialismo –algo que Sebastián Piñera nunca logró-, pese a los constantes tira y afloja de sus partidos, además de la posible inclusión de la ex Concertación. El pacto con el PC le ha generado ruidos durante toda la campaña y no será distinto en La Moneda. “Las amistades poco sanas nos hacen mal en todas las dimensiones de nuestra vida”, dijo esta semana la psicóloga social Beverly Fehr en un artículo de The Washington Post. Máxima que debiera tener presente el nuevo mandatario.

#Las travesías por el desierto. No se tratará de un desierto florido, sino muy seco, desgastante, frío e inhóspito. Ese será el trayecto que, a partir de la próxima semana y durante buena parte del 2022, comenzarán a transitar algunos partidos.

La DC viene de un camino pedregoso hace ya varios procesos electorales, pero este fue derechamente el tiro de gracia. El exministro, Francisco Huenchumilla, lo resumió claramente: “Ha llegado a una fase terminal, está en la puerta de entrada para un colapso final”.

Mientras, el exparlamentario Ignacio Walker ha intentado toda esta semana “hacerle ojitos” a un gran acuerdo de la centroizquierda, que vaya “desde el laguismo a Evópoli”. El tema es que estas declaraciones caen en el vacío, por cuanto el PS y el PPD están más enfocados en ser parte del gobierno de Boric y, por su parte, el partido de Felipe Kast está en su propia travesía.

En la derecha, el verano será clave para una introspección en extremo necesaria. Tal como lo dijo esta semana Mario Desbordes, el partido debe entender que el país ha cambiado. Y lo mismo planteó en la UDI la constituyente Marcela Cubillos, quien dijo que esta “fue una derrota brutal” y advirtió que la derecha no ha hecho una reflexión de lo que sucedió desde el 2019, lo que les pasó la cuenta.

La travesía deberá ser profunda y sanadora si quieren seguir gravitando en la órbita nacional y convertirse en una oposición contundente.

#A chicotear los caracoles. La reina del baile este 2022 será la convención constituyente. Si bien su trabajo debiera culminar en abril, lo más probable es que se extienda por los tres meses más que permite la norma y que veamos humo blanco por ahí por julio. Luego, vendrá el plebiscito en el que los chilenos deberán decidir si aprueban o no la nueva Constitución, lo que supone que la entidad debe apurar el tranco, pero también mejorar su capacidad de comunicar el trabajo que están haciendo. Lo anterior ha sido una dificultad durante el proceso y ha quedado de manifiesto con el respaldo ciudadano a las iniciativas populares de norma, las que –en su gran mayoría- no han logrado hasta ahora concitar las firmas necesarias para ser discutidas en la convención.

Deberán, con todas sus letras, poner el acelerador para esta recta final.

En cualquier caso, el 2022 será intenso y, es de esperar que –como dicen los conocedores- el famoso Tigre de agua efectivamente sea un buen augurio para un año que políticamente será refundacional, con nuevo gobierno, partidos en crisis y la última patita de la convención, esperemos sin plaga bíblica de por medio.

Al menos, un año aburrido no será.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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