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Dos, tres… muchos San Ramón

22 de Junio 2019 Columnas

El reportaje de la elección del Partido Socialista en San Ramón mostró muchas cosas. Unas peores que otras. Algunas son propias de ese partido, otras son de la realidad nacional.

El problema más obvio es el político. Es ahí donde se ha centrado la discusión de una elección insólita, con un padrón electoral insólito y con un recuento insólito. Por de pronto, la completa indiferencia de la actual directiva para abordar un hecho tan grave da cuenta de que el problema es más profundo de lo que parece. Y más extendido.

La capacidad de controlar un partido con pocos votos, el completo desconocimiento de quienes militan en cada tienda y el clientelismo son parte del problema. El botín que significa una municipalidad para repartir cargos a “funcionarios políticos”, es otra parte del problema. Así, Alvaro Elizalde queda muy dañado tras esta elección. Tan dañado que es probable que su permanencia al mando del PS se haga insostenible.

Todo lo anterior es el hecho político. Pero hay un problema todavía más profundo y más peligroso. La imagen de mafiosos ligados al narcotráfico pululando en torno a la Municipalidad de San Ramón es emblemática. Pensar que ello ocurre solo en esa comuna es equivalente a haber pensado hace 10 años que un abuso sexual de un cura era cosa de un confesionario en una iglesia aislada. ¿Cuántos otros San Ramón existen?

Es posible que el narco esté penetrando las municipalidades, tal como sucedió hace pocas décadas en México y Colombia. Los municipios ofrecen impunidad territorial y patentes comerciales para lavar dinero. A cambio, el narco ofrece su control sobre el territorio para hacer campañas y para acarrear votantes.

Lo que estamos viendo en San Ramón, lo vimos hace pocas semanas en otra dimensión en la Corte de Apelaciones de Rancagua, donde la banda de “La Choclo” hacía gestiones con los ministros de la Corte de Apelaciones. Así, sin darnos cuentas tenemos dos muestras más de cómo el narcotráfico se está metiendo en todas partes, tal como ha ocurrido en otros países, solo que vamos algunos pasos más atrás. Y la “narcocultura” se comienza a apoderar, ya no solo de los barrios, sino también de parte de la estructura administrativa del país.

Esta “narcocultura” no es otra cosa que la consecuencia de la prohibición de las drogas, que lo que hace es fomentar la aparición de mafias que las comercializan al margen de la ley, y que están dispuestas a todo para defender su negocio y su mercado. Incluso corromper alcaldes o cortes de apelaciones.

El fracaso mundial en el combate a la droga —desde que Nixon inauguró esta fórmula hace ya casi cincuenta años— es evidente. Se han malgastado miles de millones de dólares en ese combate y el consumo de drogas no solo continúa, sino que la corrupción y criminalidad que lo acompañan han crecido fuertemente.

Por eso, aunque parezca extemporáneo al problema interno de Elizalde, Maya Fernández, Aleuy o Escalona, la elección del PS nos debe servir paradójicamente para volver a poner en valor el fracaso del combate a las drogas y la urgente necesidad de legalizarlas todas (las duras y las blandas). Si ello ocurriera —en todos los países al mismo tiempo—, la industria se regularizaría, sus ejecutivos se conocerían, las empresas productoras pagarían impuestos y, además, la calidad de la droga podría ser fiscalizada. Mejor aún, el Estado podría concentrar su acción en advertir, prevenir y rehabilitar, destinando los recursos ahorrados del actual ineficaz combate.

En el municipio de San Ramón no se ven personas ligadas a British Tabaco o a las grandes destilerías mundiales. Se ve a los miembros del clan del “Chino” Pinto. Una muestra de cómo las mafias del narcotráfico interfieren en la política de los países en que operan y corrompen sus sociedades.

Si se legalizaran las drogas se desarticularían los incentivos para conformar esas mafias y se liberaría además a barrios enteros del flagelo que les significa vivir en medio de un negocio ilegal, balaceras y fuegos artificiales. Mientras no lo hagamos, estamos —parafraseando la famosa frase sobre Vietnam del Che Guevara—“creando dos, tres… muchos San Ramón” todos los días.

Y lo peor es que no nos estamos dando cuenta…

Publicado en El Mercurio.

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