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Día del profesor: poco que celebrar

16 de Octubre 2022 Columnas

La noticia ocupaba un pequeño recuadro en las páginas de informaciones regionales el día jueves: algunos liceos de Viña del Mar, entre ellos el 2 de Recreo, recibieron sus materiales escolares en octubre, después de 7 meses de haberse iniciado el año escolar. Parece un chiste, uno malo, por supuesto, pero no lo es.

Tal como lo denunció el concejal Sandro Puebla, mientras algunos colegios están pronto a finalizar sus clases, en la región de Valparaíso, algunos establecimientos recién están recibiendo los útiles escolares. La profesora Carla Allende lamentaba que esto sucediera con los estudiantes más vulnerables que no cuentan con el equipamiento y materiales básicos para estudiar, afectando su autoestima.

El tema coincide con la situación de abandono que denunció el ex director del Internado Nacional Barros Arana, Gonzalo Saavedra, a través del ejemplo de la mala alimentación de los estudiantes. Aunque las empresas a cargo de hacerlo cumplen con los mínimos nutricionales, la pauta de Junaeb es insuficiente para el gasto energético de un adolescente.

El problema se torna todavía más grave cuando vemos el tema de los aprendizajes. Un estudio de la Fundación Crecer con Todos arrojó cifras alarmantes: la mitad de los niños llegó a segundo básico sin saber leer ni escribir como resultado del encierro provocado por la pandemia.

Pienso en estos temas a raíz del día del profesor, pero conectándolo con una nueva conmemoración del 18 de octubre de 2019. Desde esa fecha en adelante, se han dedicado millones de dólares a la reconstrucción de los daños provocados por el estallido y para el proceso constituyente que sigue en ascuas, postergando y acentuando la crisis educacional que ha vivido Chile en las últimas décadas.

Uno lamenta que detrás de las múltiples demandas que se levantaron para esa fecha, haya sido la constitucional la que haya llegado a puerto y no una más sólida y transversal para mejorar la educación del país. Cuando se hizo, el 2006 y 2011, fue para conseguir cambios, pero en la educación superior. Había que arreglar la terraza, sin importar cómo estuvieran los pilotes que la sostienen.

La historia de los países que estuvieron en una situación similar a la de Chile y han alcanzado el desarrollo y, de paso, acabado con la pobreza y disminuido la desigualdad, tiene siempre un denominador común y es el de haber invertido en educación, comenzando por las bases y avanzando hacia arriba.

Aquí, en cambio, la solución fue quitarle los patines a los que iban avanzando, en este caso, los subvencionados. Había, además, que acabar con los procesos de selección, nivelar hacia abajo y lograr que todos estuvieran igual, aunque en este caso, mal. Los únicos que se salvan son los colegios particulares pagados, con mayores y mejores recursos, aumentando la brecha de desigualdad.

Los procesos de acreditación tampoco colaboran, castigando a las universidades cuando los alumnos se demoran en sacar sus carreras, siendo que algunos de los estudiantes llegan sin saber leer y escribir de forma correcta, obligando a las instituciones a transformar el primer año en un quinto medio.

Por si esto fuera poco, cada vez hay menos personas interesadas en dedicarse a la Pedagogía. Y esto resulta bastante lógico, los incentivos económicos y sociales son muy bajos. Malos sueldos, pocas horas de preparación, malos tratos y un trabajo que es de 24/7. A esto se suma que quienes están en el sistema, se ven tentados por ofertas laborales de empresas de delivery que, además de ofrecer remuneraciones similares, tienen flexibilidad de horario. No solo hay poco interés en entrar a Pedagogía, sino que, además, los que están en el sistema, se quieren salir.

Finalmente, pese a todo esto, un contexto adverso y una realidad incierta, hay que celebrar a esos miles de profesores que, alejados de las consignas partidarias y colegiadas, siguen trabajando por nuestros niños, conscientes de que ahí está el futuro de Chile.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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