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“De vuelta al trabajo”, la propuesta de un grupo interdisciplinario para que las empresas comiencen a volver a la actividad normal

21 de Abril 2020 Columnas


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Columna publicada junto a Cedric Little y Susana Mondschein de la Facultad de Ingeniería y Ciencias UAI, Alexander Galetovic de la UAI, Antonio Díaz-Araujo de Unholster y Ragheb Massouh, Harmin Pérez y Cetna Skorin del Grupo Bios.

 

De la mano del coronavirus, la economía chilena camina hacia a su peor recesión desde hace 40 años. ¿Qué hacer para que los trabajadores mantengan sus empleos sin que los contagios aumenten de manera exponencial?

La estrategia que les permite a las empresas proteger a sus colaboradores y mantenerlos trabajando tiene cuatro partes. Primero, testearlos una o dos veces por semana. Segundo, derivar al sistema de salud a quienes testeen positivo, tengan o no síntomas. Tercero, trazar a los contactos de los contagiados y testearlos también. Y, finalmente, romper la cadena de contagios aislando en cuarentena a los contagiados.

El núcleo de esta estrategia es el testeo constante. El trabajo que hemos hecho durante las últimas semanas sugiere que se puede detectar en las empresas a la mayoría de las personas que son portadores de coronavirus, pero que no tienen síntomas o presentan síntomas leves. Se hace combinando los resultados de los test de anticuerpos IgM (aquellos que el cuerpo crea para combatir a un virus activo) e IgG (aquellos que nos dan inmunidad contra un virus). Estos test no son caros, se pueden tomar en el lugar de trabajo y entregan su resultado en 15 minutos.

Los test complementan a las medidas preventivas que ya han adoptado la mayoría de las empresas (v. gr. desinfecciones recurrentes, uso de mascarillas, tomas de temperatura), y a la información que pueden aportar los propios colaboradores (v. gr. condiciones de salud que los hacen vulnerables, el medio de transporte que usan, su malla de relaciones personales). Aun más: los resultados de los test y la información se pueden capturar mediante una plataforma de datos, que asegure el anonimato y la privacidad de la información, y comunicar mediante una aplicación basada en un algoritmo que orienta y facilita la toma de decisiones del empleador. Como ocurre con todo dato médico personal, debe ser anónimo y privado.

Para que la estrategia sea exitosa es necesario que los trabajadores confíen en ella, perciban que su lugar de trabajo es seguro, sano y sientan que testear positivo no los estigmatiza. Nuestras simulaciones muestran que los testeos son eficaces para lograr este fin.

A modo de ejemplo, el gráfico muestra el porcentaje de trabajadores contagiados, pero sin síntomas, que están trabajando en una empresa durante los primeros 150 días del testeo masivo cada tres días. Inicialmente el 2,5% de los trabajadores son portadores, porque se contagiaron fuera de la empresa. Los test rápidamente detectan a la mayoría, incluyendo asintomáticos y con síntomas leves, los que serían derivados al sistema de salud y aislados en cuarentena. A poco andar, menos del 0,5% de los trabajadores en una planta estarían contagiados sin mostrar síntomas. El gráfico también dice que cerrar la planta cada vez que se detecta un caso de coronavirus (la línea entrecortada) es menos eficaz que testear. Y tal como muestra la línea negra, el porcentaje de trabajadores contagiados asintomáticos sería entre 10 y 20 veces más alto si no se tomaran medidas de control.

Pero el efecto más notorio es sobre el empleo. El cuadro sugiere que testeando dos veces por semana, cerca del 95% de los trabajadores puede continuar sus labores. Es cierto que con el tiempo el 8% se contagia, pero casi todos se aislarían en cuarentena. Si, por el contrario, la planta se cierra cada vez que hay un caso, más trabajadores se contagian (10%) y en promedio apenas el 58% de los trabajadores trabaja cada día. Un desastre para el empleo. A eso hay que sumarle que cerrar una planta es caro y que seguramente romperá la cadena de abastecimiento. El cuadro también muestra por qué no es viable operar sin medidas de control: uno de cada cuatro trabajadores se contagiaría (26%), el sistema de salud colapsaría y más personas morirían.

Chile cuenta con el capital humano necesario para poner en práctica esta estrategia. Es cierto que el gobierno chino está limitando las exportaciones de los test de anticuerpos mientras se recuperan del fiasco en España. Pero esta demora le da un poco más de tiempo a las empresas para prepararse para un sistema de testeo masivo. Por lo demás, nuestras simulaciones muestran que un sistema de turnos de 14 días inteligentemente administrado puede lograr resultados parecidos a los testeos masivos. Como sea, la estrategia del testeo masivo se sostiene en tres pilares. Uno es contar con un estándar de testeo de anticuerpos creíble, tanto para la autoridad como para los trabajadores. Establecerlo requiere la acción colectiva y la colaboración de la gran empresa, la extensión a proveedores y, finalmente, hacia todas las pymes. Los montos envueltos no son pequeños, pero son mucho menores que el costo de la pérdida de producto y empleo que nos aguarda si no ponemos a la economía en marcha.

El segundo pilar es la identificación, notificación y testeo las personas que hayan estado cerca de los contagiados, lo que requiere un sistema de trazabilidad que diga con quién interactuó la persona contagiada y a quién podría haber contagiado. Construir la malla de contactos de cada persona requiere usar bases de datos de distintos órganos del Estado. Es indispensable, por tanto, aunar fuerzas y tener un punto de contacto entre el sector privado, que debe hacer los testeos masivos, y el Estado, que tiene los datos. Por supuesto, los datos deben ser anonimizados y encriptados para mantener la privacidad de las personas. La entrega de datos del Estado, supervisada por un grupo de personas de prestigio y buena voluntad, debería ocurrir a través de una plataforma creada para el propósito.

El último pilar es la coordinación entre los que testean, registran y trazan a personas en riesgo, y las autoridades de salud. Las autoridades de salud tienen que confirmar los diagnósticos de los test de anticuerpos con tests de PCR, aun de aquellas personas asintomáticas, y aislar en cuarentena a los contagiados. Además, la autoridad de salud también debe usar su información sobre contagiados para alertar a través de los privados a quienes tienen que ser testeados. Por último, hay que aceptar que no es necesario cerrar la planta cuando se detecta un caso de coronavirus, en la medida que los protocolos de testeo y decisión de las empresas sean seguros.

Aceptar los hechos y realidades del coronavirus y adaptarnos a ellos ha sido un proceso, aun incompleto, para cada uno de nosotros. Nadie sabe cuándo aparecerá una vacuna o un tratamiento eficaz, y eso nos obliga a optar. De un lado, podemos mantener la vida “normal” y lograr la inmunidad de rebaño mediante el contagio de más de la mitad de la población. Sin embargo, los servicios de salud colapsarían y tendríamos que lamentar muchos muertos. Del otro lado, podemos mantener a la mayoría de la población sin contagiarse, pero solo aplicando continuamente medidas de contención. El testeo masivo es la medida de contención que permite esperar la vacuna o la cura sin que la economía colapse, sumiendo a millones en el desempleo, la miseria y el hacinamiento.

La primera columna del cuadro muestra el porcentaje de los trabajadores de una empresa que enferma con coronavirus durante un periodo de 150 días si se testea cada tres días; si cada caso de coronavirus detectado lleva al cierre de la planta y a que el resto de los trabajadores entre en cuarentena por 14 días; y si no se hace nada y solo se retiran los trabajadores portadores con síntomas (alrededor de la mitad de los enfermos). La segunda columna muestra, para cada caso, el promedio diario de empleados trabajando en la planta. En cada caso se supone que un enfermo contagia a 2,5 personas en promedio en una población 100% susceptible.

Publicado en Pulso

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