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Cuidemos a los ancianos testeando a quienes los cuidan

3 de Junio 2020 Columnas

Todas las mañanas, los supermercados reservan las primeras horas para mayores de 65 años. Esto es de toda razonabilidad. Según los datos del Ministerio de Salud, en Chile el riesgo de muerte por covid-19 de personas mayores de 60 años es 135 veces más alto que el de una persona de menos de 40 años. Y el riesgo crece con la edad: 240 veces si son mayores de 70 y unas 350 veces si son mayores de 80.

Sin embargo, no basta con proteger a los ancianos que se pueden valer por sí mismos. La semana pasada, el Ministerio de Salud informó que el 22% de los fallecidos por covid-19 en la Región Metropolitana (141 de 638) eran adultos mayores residentes de un hogar de ancianos, y que 137 hogares habían registrado brotes de covid.

En un hogar de ancianos, el principal riesgo reside en la estrecha interacción entre los residentes y sus cuidadores, ya que muchos ancianos necesitan ayuda en las tareas básicas del día a día. Los cuidadores llevan la enfermedad al hogar porque se pueden contagiar en sus casas, cuando van de compras o cuando se trasladan. Y de acuerdo con un reciente estudio de la ACHS, el problema es grave.

En efecto, la ACHS testeó con PCR a 2.776 personas que trabajan en hogares de la Región Metropolitana y encontró que 50 de ellos (1,8%), todos asintomáticos en ese momento, testearon positivo. Esta proporción podría parecer pequeña, pero a pesar de eso, en 22 de los 62 hogares (uno de cada tres) había al menos un cuidador contagiado. Y una vez que el coronavirus entra en el hogar, tiene campo fértil para atacar a los ancianos susceptibles. ¿Qué hacer?

Ayudan las desinfecciones recurrentes y la prohibición de visitas, la toma diaria de temperatura a los ancianos y cuidadores y el monitoreo de sus síntomas. También ayuda que los cuidadores informen diariamente mediante una app sobre el estado de salud de sus relaciones cercanas y el medio de transporte que ocupan para llegar al trabajo. Con todo, se calcula que más o menos la mitad de los portadores del coronavirus no desarrollan síntomas.

Sin embargo, el número de cuidadores asintomáticos y el tiempo que permanecen en un hogar de ancianos mientras son contagiosos se puede reducir dramáticamente con dos medidas. Una es que se les testee cada tres días, para detectar anticuerpos IgM e IgG. Quienes testeen positivo en a lo menos un test y sean confirmados por un test de PCR, deben ser aislados en cuarentena. El aislamiento reduce el tiempo que un trabajador asintomático pasa en un hogar transmitiendo el virus a los ancianos y a otros compañeros de trabajo. Se evita así la propagación exponencial.

Por ejemplo, suponiendo que cada contagiado genera, en promedio, 1,6 nuevos casos fuera del hogar y 2,5 dentro (datos que coinciden con lo que se cree ocurre en Chile) y que los enfermos asintomáticos son contagiosos durante 17 días, la mitad del tiempo habrá al menos un cuidador asintomático infectado trabajando. Sin embargo, al testear los anticuerpos cada tres días, esta cantidad se reduce a un 20% del tiempo. Del mismo modo, sin testeos habrá en promedio, aproximadamente, 0,8 portadores asintomáticos por cada 100 cuidadores en un momento dado. Con testeos la tasa promedio cae a una cuarta parte —0,2 portadores asintomáticos por cada 100 cuidadores—. Aun si el período de contagio fuera de 12 días, el número de días con trabajadores contagiados se reduciría a la mitad.

La segunda medida es trazar y testear, y rápidamente, a los cuidadores y ancianos con quienes tuvo contacto el contagiado —por eso es necesario un sistema de información—. La detección temprana permite aislar tempranamente cuidadores y ancianos infectados.

Con todo, el riesgo de cuidadores infectados en un hogar de ancianos no se puede reducir a cero, porque los anticuerpos solo se pueden detectar entre 7 a 10 días después de la infección. Además, la sensibilidad del test (el porcentaje de personas infectadas que dan positivo) y su especificidad (el porcentaje de personas que no están infectadas y dan negativo) varía con la marca. Por lo tanto, las pruebas de anticuerpos no son para diagnosticar pacientes individuales, sino para disminuir la propagación exponencial. Por lo mismo, y como se dijo, las personas con resultados positivos deben someterse a un test de PCR.

Más del 80% de las muertes por covid-19 corresponden a mayores de 60 años, y la mitad de las camas UCI en los hospitales las ocupan personas de este grupo etario. Proteger de los contagios a los ancianos que viven en hogares, seguramente disminuiría la presión sobre el sistema de salud y salvaría vidas. Por eso, cualquiera sea la estrategia general para enfrentar el coronavirus, debería incluir el testeo de los cuidadores de hogares de ancianos.

Alexander Galetovic, Senior fellow en la Universidad Adolfo Ibáñez |Susana Mondschein, Profesora de la Universidad Adolfo Ibáñez | Patricio Foncea, Estudiante de doctorado en MIT,

Publicado en El Mercurio.

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