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¡Cuidado! Los estereotipos engañan (y pueden provocar injusticias)

1 de Marzo 2017 Columnas Noticias

¿Ha visto cómo los juegos de ilusiones ópticas nos engañan? Líneas horizontales que parecen estar torcidas, falsos espirales que en realidad son círculos concéntricos, dibujos que parecen crear movimiento. ¿Qué hacemos frente a esos juegos? Nos detenemos para desentrañar y evitar el engaño. Nos tomamos el tiempo necesario hasta que logremos entender cuál es la situación real. Los estereotipos funcionan parecido.1 Y si usted es juez o jueza, entenderá inmediatamente la importancia de evitar que un estereotipo le juegue una mala pasada. Por ejemplo, que distorsione su percepción de los hechos de una causa, afecte su visión sobre quién es víctima de una determinada situación o influencie su opinión sobre la credibilidad de un testigo.

Los estereotipos operan de manera inconsciente cada vez que adscribimos a una persona atributos, características o roles solo en razón de su pertenencia o supuesta pertenencia a un determinado grupo social. Reforzamos y perpetuamos estereotipos cuando los aceptamos acríticamente en lugar de cuestionarlos. Es posible evitar caer en juicios estereotipados. Es una técnica que se aprende y no es difícil. Sólo un ejemplo: cuando alguien comienza una frase con “las mujeres son …” (puede cambiar “mujeres” por “mapuche”, “gay”, “migrante”, etc.), póngase en alerta, porque posiblemente esté operando un juicio estereotipado. Esté atento a los contextos, porque hay espacios que favorecen la acción de estereotipos. Por ejemplo, lugares muy masculinizados donde hay pocas mujeres –como nuestro Congreso o las fuerzas armadas- son un caldo de cultivo para los estereotipos de género. Un poco más difícil es comprender cómo funcionan los estereotipos compuestos. El caso Atala es una perfecta muestra, donde el estereotipo negativo sobre las lesbianas (son egoístas, su interés por su relación de pareja las hará descuidar a sus hijas), primó sobre el estereotipo positivo respecto de las mujeres (son las cuidadoras naturales), que inspiraba la preferencia legal por la mujer en la norma sobre tuición vigente en esa época.

Cuando un tribunal se deja influenciar por estereotipos, juzga al individuo basado en sus ideas acerca del grupo particular y no en los hechos relevantes respecto de esa persona y las circunstancias de ese caso específico. Los estereotipos de género son creencias sobre los atributos de mujeres y hombres, que cubren desde rasgos de personalidad (las mujeres son más subjetivas y emocionales, los hombres son objetivos y racionales), comportamientos (las mujeres son más pasivas sexualmente, los hombres son más agresivos en ese plano), roles (las mujeres deben asumir las tareas de cuidado y el hombre ser el proveedor), características físicas (las mujeres son más débiles que los hombres) y de apariencia (los hombres deben ser masculinos), ocupaciones (las carreras de armas no son para las mujeres, los hombres no pueden ser parvularios) y supuestos de orientación sexual (las lesbianas son egoístas y no priorizan el interés de sus niños; los gays son promiscuos).

Los estereotipos hacen que nos formemos un juicio sobre un individuo a partir de la ilusión de creer que sabemos cómo es y eso puede ser el origen de una injusticia. En el caso Campo Algodonero fallado por Corte Interamericana de Derechos Humanos, las autoridades desatendieron las denuncias de desaparecimiento de mujeres pobres porque asumieron que las jóvenes “eran muchachitas que andaban con el novio o con amigos de vaga”, dijeron que “una niña buena, una mujer buena, está en su casa”, e incluso culparon a las madres por permitir que sus hijas anduvieran solas o salieran en la noche. Leí en un caso de tuición un informe social que celebraba que el padre le cocinara pizza a las niñas. No pude resistir pensar que si la madre hubiera hecho lo mismo, probablemente el informe la habría criticado por dar comida chatarra a sus hijas. Los estereotipos no solo asumen cómo es una persona, sino que asocian una expectativa (y generalmente una sanción social) de que la persona sea precisamente como la describe el estereotipo: las madres no solo se postergan por el interés de sus hijos, una madre debe postergarse por ellos, de una manera que al padre, por ejemplo, no se le exige.

La obligación de erradicar estereotipos de género está recogida explícitamente en el artículo 5(a) de la CEDAW y en los artículos 6(b) y 8(b) de la Convención Belem do Para, ambos tratados ratificados por Chile. Esto se explica porque los estereotipos, aún aquellos que parecen benignos (“las mujeres son buenas cuidadoras”) pueden producir discriminación, justificar la violencia contra las mujeres y, finalmente, impedirles el ejercicio de sus derechos humanos. El estereotipo benigno de que las mujeres son buenas cuidadoras, ha justificado en el pasado la marginación de las mujeres del mundo laboral, y hoy su sobrecarga en las tareas domésticas y la concentración en espacios laborales que requieren “habilidades blandas” que generalmente son los de menor prestigio y remuneración. Las características asociadas a lo femenino y lo masculino tienden a ser binarias y opuestas (subjetiva/objetivo, emocional/racional, débil/fuerte, humanista/científico) y, en todas las culturas, se otorga mayor valor y se recompensan mejor los atributos asociados a lo masculino. Eso establece una jerarquía implícita que subordina y pone a la mujer en una situación de inferioridad.

Identificar los estereotipos y darse cuenta que cada persona es compleja y única, que tiene una multiplicidad de características propias que hacen imposible definirla por la sola pertenencia a un grupo (sea a un sexo, una raza, una orientación sexual, nacionalidad, o cualquier otra categoría sobre la que construimos estereotipos y jerarquías implícitas), permite ver a ese individuo como la persona que realmente es y contribuye a desarticular los mecanismos de desigualdad estructural y subordinación que operan inconscientemente en nuestra cultura. En el contexto de un caso judicial, ver la realidad más allá de los estereotipos puede hacer la diferencia entre un fallo justo o injusto. Los jueces y juezas tienen una responsabilidad muy importante en la erradicación de los estereotipos. Dejarse engañar por ellos implica reforzarlos con la autoridad de la ley y recubrirlos de la legitimidad del derecho.

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