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Cuenta presidencial: ¿discurso, relato o legado?

6 de Junio 2019 Columnas

¿Cómo evaluar la cuenta presidencial? Son distintos los elementos a considerar dependiendo de si se analiza como discurso, relato o legado. Como discurso, cumplió con la tradición de ser una lista de los avances y propuestas, con que las administraciones intentan obtener el apoyo ciudadano. Como relato, no agregó mayormente a la demanda que han planteado algunos en la centro derecha, como es el caso de los pensadores conservadores comunitaristas (Alvarado, Herrera, Mansuy y Ortúzar) y liberales (Kaiser). Sin embargo, como legado, es donde se encuentran las señales más relevantes: es posible que la actual administración sea la última delo que podría llamarse la época del péndulo; estos 16 años de Bachelet-Piñera se caracterizaron por el vaivén entre quienes han intentado deslegitimar el sistema de mercado (o ser ambiguos) y aquellos que lo aceptan (o apoyan).

El contexto en que se desarrolló la Cuenta Pública podría revelar precisamente ciertos efectos de ese ir y venir en torno aspectos claves de nuestra sociedad, como son las bases del sistema económico. De hecho, a ningún observador extranjero le dejaría de llamar la atención, qué en el principal ritual republicano del país, al Estado de Derecho haya que apoyarlo con fuerzas especiales, toda vez que algunos intentan usar la violencia como método político. Además, parece ser que ya naturalizamos el hecho que la comitiva presidencial deba llegar al edificio del Congreso sin público, sólo con las FF.AA. y las cámaras de TV. Por otra parte, para los que siguen con atención la política nacional, la Cuenta se dio en un contexto particularmente crispado por el intento de adelantar la carrera presidencial por parte del senador Allamand. Más aun, a muchos les llamó la atención que el presidente motejara al senador de ser alguien quien ha querido ser presidente por mucho tiempo. Esto es, contestó con mucha (¿demasiada?) energía, lo que fue entendido como un intento de evitar el síndrome del “pato cojo” a sólo quince meses de su entronización.

Sin embargo, no es trivial que las novedades hayan sido, por un lado, la gran cantidad de menciones a la “clase media” y, por el otro lado, que la principal obra pública anunciada haya sido el tren rápido a Valparaíso. Estos hechos requieren incorporar más contexto al análisis. El presidente es un estudioso de las encuestas y de los análisis prospectivos. Ya ha dicho que hay que hacer la segunda transición, que no basta con llegar a la generación de autoridades ejecutivas a través de elecciones abiertas, informadas y competitivas (propio de la primera transición). El desafío propuesto por el presidente que se desprende del sábado está asociado a que el país deje la lógica de ricos y pobres, de buenos y malos chilenos, y; que se instale en Chile un ánimo societario donde nadie sobre, ni por rico, ni por pobre, y; que todos los habitantes se puedan sentir igualmente parte de la nación. Es en ese contexto que los anuncios (o guiños) a la descentralización, reformas políticas y al único candidato que ha habido en la centro derecha que es propiamente representante de la clase media (y de regiones, el senador Chahuán). Si lo logra, esto es, si Chile llega a ser como las democracias avanzadas, un país donde gobierna la “clase media”, con la consecuente construcción de una sola identidad nacional, sería el gran legado de Piñera y a esta Cuenta se le recordaría por ello.

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