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Costo cero

5 de Febrero 2017 Columnas Noticias

Michelle Bachelet está teniendo, otra vez, un verano para el olvido; solo en la ýltima semana su manejo de la emergencia provocada por los incendios forestales le generó una importante caída de su aprobación en la encuesta Cadem; mientras en simultáneo una revista brasileña abría de nuevo el flanco de los presuntos aportes extranjeros –y por tanto ilegales- para su última campaña presidencial. En rigor, en dos circunstancias de naturaleza completamente diferente, pero que, como expresión de este aparente karma estival, confluyeron de nuevo para acrecentar la situación de debilidad y cuestionamiento en que se sostiene la Mandataria.

Y fue quizás esta convergencia de factores negativos la que llevó a Bachelet a tomar una decisión donde pareciera que los costos políticos simplemente han dejado de importar. Porque de otra manera no se explica que, en un contexto de tanto malestar con las desprolijidades y los abusos de la actividad política, haya procedido a designar en el Consejo de Defensa del Estado a la ex ministra Javiera Blanco; una mujer que, más allá de sus innegables méritos profesionales, tuvo qye abandonar hace unos meses el gabinete en circunstancias que hoy hacen de su nombramiento algo verdaderamente impresentable.

Sin ir más lejos, la ex titular de Justicia fue cuestionada por no haber reaccionado a tiempo frente a los antecedentes que develaron al Sename como una institución con un prontuario del terror, con centenares de niños muertos en el lapso de apenas una década. Es cierto que la ex ministra Blanco no era responsable de la sistemática y dolorosa negligencia acumulada durante distintas administraciones, pero su manera de afrontar el problema cuando éste se hizo público, dejó de manifiesto una también larga espiral de indolencia e incapacidad. En los hechos, se intentó bajarle el perfil al drama conocido, se ocultaron antecedentes y, al final, no existió ni la fuerza ni la voluntad para una intervención del servicio a la altura de las circunstancias.

En paralelo, su mal manejo de la crisis producida en Gendarmería por las abultadas jubilaciones a las que hasta hace muy poco accedían personas con vinculaciones políticas, terminaron por sentenciar su suerte al interior del gobierno. Casualmente, esta misma semana en que la presidenta decidió “premiar” a Blanco por alguna razón inentendible, la Contraloría ordenó dejar sin efecto cuatro nombramientos “solicitados” por la ex ministra al director de Gendarmería de ese entonces. Ella negó en su momento haber hecho esa solicitud, pero fue desmentida por la evidencia pública del oficio en el cual demandaba las contrataciones hoy cuestionadas por el órgano contralor.

En síntesis, lo que resulta al final increíble y no menos preocupante, es que todas estas consideraciones no importaron para que Michelle Bachelet procediera a su nombramiento en el CDE. Como al parecer la presidenta ya no tiene más costos que pagar, como su imagen y credibilidad pública han quedado por justas o injustas razones dañadas para siempre, siente que puede darse “gustos” que en otro contexto serían impensables; gustos donde los costos políticos a pagar por ella aparentemente ya no importan, pero que sin embargo contribuyen a seguir profundizando costos para el país.

De algún modo, como a la presidenta nunca le ha gustado asumir responsabilidades por sus propios errores, nuevamente, en este caso, la cuenta de esta vergonzosa designación tendrán que pagarla todos los chilenos.

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