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Coronavirus, empleo, abastecimiento de bienes y servicios esenciales

11 de Abril 2020 Columnas

*Columna escrita junto a Alexander Galetovic, senior fellow UAI y Rafael Palacios, director de Políticas Públicas, Sofofa.

Casi todas las empresas han adoptado diversas medidas preventivas contra el coronavirus, desde desinfecciones recurrentes hasta el teletrabajo, pasando por el distanciamiento entre colaboradores. Sin embargo, la prevención tiene limitaciones pues el teletrabajo, por ejemplo, no sirve para mantener funcionando instalaciones que requieren personal in situ. En estos casos, si la autoridad utiliza el mismo criterio que le aplicó a los colegios, un caso de Covid-19 sería suficiente para enviar en cuarentena preventiva a todos los trabajadores, poniendo en riesgo el abastecimiento de bienes y servicios esenciales.

El problema es más grave de lo que se piensa, porque a lo largo del país hay un número limitado de fábricas, plantas e instalaciones grandes en las que trabajan cientos de personas, que prestan los servicios básicos y producen buena parte de lo que consumimos todos en Chile. Es el caso, por ejemplo, de algunos fármacos o productos químicos como el oxígeno, que se producen en no más de dos o tres grandes plantas, de varios alimentos básicos envasados, o de un par de centros de distribución que abastecen a todo el país de los alimentos y bebestibles que compramos en los supermercados. Por eso, el cierre de una sola planta o centro de distribución puede llevar, inevitablemente, al desabastecimiento.

En los tiempos que corren, los inventarios no darán abasto. En efecto, las empresas operan con stocks para no más de un mes. Si un solo caso de contagio basta para recluir en cuarentena a todos los trabajadores de un mismo establecimiento fabril, es casi inevitable que esa fábrica vuelva a cerrar apenas la cuarentena anterior termine, al detectarse un nuevo trabajador contagiado. ¿Qué hacer?

Lo primero es un catastro preciso de estas instalaciones, conocido por las autoridades relevantes. A continuación, cada una de estas empresas debe implementar protocolos que detallen los pasos a seguir ante un caso de contagio. Y una vez que estén disponibles tests de anticuerpos, cada empresa deberá usarlos para monitorear a sus trabajadores e identificar a quienes estén en riesgo. La finalidad es minimizar el número de trabajadores expuestos al contagio y mantener a la planta funcionando continuamente.

Sin embargo, por eficaces que sean, las medidas que adopte cada empresa no sirven si son incoherentes con las reglas de decisión de las autoridades. Ayudaría que el concepto de “actividades y establecimientos esenciales” incluya no solo a aquellas industrias que prestan servicios básicos como la electricidad, el agua potable, las telecomunicaciones y los combustibles, sino que también a las que permiten mantener el abastecimiento de alimentos y bebestibles, fármacos, químicos, envases y embalajes, productos de higiene y desinfección, y los servicios de transporte y logística, de puertos y aduanas, de tecnologías de la información, disposición de residuos, comunicaciones, construcción y manufactura.

También es clave que, apenas se detecte a un trabajador contagiado o que haya estado expuesto a un contagio, la autoridad y la empresa trabajen juntas para, al mismo tiempo, cuidar la salud de los trabajadores y mantener la instalación esencial funcionando. Para ello, es necesario que en el gobierno existan funcionarios especialmente designados para esos efectos, cada uno encargado de un grupo de plantas e instalaciones que, en conjunto con las empresas, discutan y acuerden el protocolo a seguir cuando se detecte a un trabajador contagiado. De esta forma, cada empresa sabrá qué hacer y a quién llamar cuando emerja un caso de contagio y así, siguiendo protocolos previamente acordados, será posible mantener a la mayoría trabajando.

En ocasiones, mantener a la instalación funcionando podría requerir testear a trabajadores que no muestran síntomas. Bajo Ley de Estado de Excepciones Constitucionales el Ministerio de Salud tiene facultades para establecer testeos prioritarios. Y una vez que estén disponibles test de anticuerpos, es posible controlar continuamente la salud de los trabajadores, separar a los trabajadores contagiados de los sanos y así asegurar los empleos y el suministro de bienes y servicios esenciales.

Tenemos una cierta ventaja al ser un país productor de alimentos y tener algunas semanas de retraso en el avance de esta pandemia. Podemos aprovechar este pequeño margen aprendiendo de la experiencia internacional, masificando el testeo rápido y coordinando planes de protección al empleo y al abastecimiento de bienes y servicios esenciales antes de que los eventos ocurran.

Publicado en Pulso

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