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Cómo usar los datos para proteger la salud y mantener el empleo

3 de Abril 2020 Columnas

El aislamiento general ya comenzó y es probable que durante los próximos días se extienda por todo Chile. Si es exitoso, se contendrán los contagios. Pero entonces, el desafío será volver a la normalidad evitando una segunda ola de contagios. La estrategia, que ya se aplicó en Alemania, Corea del Sur, Singapur y otros países, se apoya en tres pilares: testeo masivo para detectar a las personas contagiadas; identificación y testeo de las personas que hayan estado cerca de los contagiados; y cuarentena de las personas contagiadas en sus casas, lugares especialmente acondicionados y hospitales. Si las personas contagiadas son aisladas y tratadas rápido, el resto puede retomar su vida normal.

La identificación y testeo de las personas que hayan estado cerca de los contagiados requiere un sistema de trazabilidad que, manteniendo la privacidad de las personas, diga con quien ha interactuado la persona contagiada y a quién podría haberle transmitido el virus. Chile cuenta con el capital humano necesario para desarrollar estos sistemas, pero es clave es que Gobierno ponga sus bases de datos anonimizadas a disposición de empresarios, académicos, estudiantes y emprendedores, para que éstos desarrollen las soluciones.

Bases de datos tales como las del Registro Civil, el Registro Social de Hogares, el Seguro de Desempleo, Gobierno Transparente, y las matrículas de colegios y universidades, contienen los datos fundamentales de nuestros ciudadanos: dónde viven, donde trabajan o estudian, qué medios de transporte usan y adonde van, cuáles son sus relaciones cercanas e, incluso, quiénes son sus vecinos. Si se pudieran acceder a los datos generados por los teléfonos móviles (como ocurre en Singapur o Israel), incluso se podrían trazar los contactos anónimos que tuvo el contagiado. Por último, se requiere información, siempre anonimizada, de quienes ya han sido testeados: la comuna donde viven, su sistema de salud, su estado (enfermo, recuperado, fallecido), su estado de tratamiento y las enfermedades previas.

Los datos descritos permiten construir, de forma anónima, las redes familiares, laborales y estudiantiles de cada persona contagiada, y diseñar las aplicaciones necesarias para encontrar, alertar y testear a quienes estén en riesgo. Estas aplicaciones y sistemas de información también documentan en tiempo real cómo se va transmitiendo el virus en grupos de personas conectadas, lo que permite proyectar con precisión la evolución de la pandemia y asignar los recursos hospitalarios.

Por supuesto, es necesario preservar la privacidad de las personas. Por eso, los datos deben ser personales pero anonimizados. Por eso, no es necesario que las bases contengan información que identifique, ni siquiera el nombre RUT ni su ubicación exacta de la persona; incluso podría ser a nivel de comuna. Una vez que una persona en riesgo sea identificada, se le enviaría su identificador a las autoridades de salud para que protejan a esa persona y a su entorno.

El impulso inicial debe venir del Estado, quien tiene los datos, pero una vez dado este paso inicial, todos los chilenos pueden contribuir a enriquecer la base voluntariamente con sus datos y comportamiento mediante una app especialmente diseñada. Por supuesto para esto se deben seguir protocolos para verificar la veracidad de la información ingresada, aunque el incentivo social de contribuir a la salud de todos debiera ser suficiente.

El Gobierno anunció que publicará datos como los que necesitamos, pero agregados. Es un avance, pero es insuficiente. Sólo los datos a nivel individual o al menos por hogar, permiten reconstruir las complejas redes de relaciones interpersonales y así contactar rápido a potenciales contagiados y sostener los tres pilares de una estrategia exitosa de recuperación de la normalidad. Poner a disposición de analistas las bases de datos descritas permitirá cuidar la salud de todos y salvar los empleos de los que dependemos.

Columna colaborativa, escrita por Ricardo Baeza-Yates, CTO de NTENT y Profesor de Northeastern University y la Universidad de Chile; Antonio Díaz, Gerente General de Unholster y Alexander Galetovic, Senior Fellow de la Universidad Adolfo Ibáñez y Research Fellow en la Hoover Institution.

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