arrow-right host location public time type

Cochrane, Prat y Baquedano

19 de Enero 2020 Columnas

Hace 140 años, El Mercurio de Valparaíso destacaba, en una curiosa nota, la decidida acción de un extranjero en la defensa de la estatua de Lord Cochrane: “A pecho ha tomado un inglés la tarea de no permitir que se coloque el cartelón del teatro a los pies de la estatua de Cochrane”. Y agregaba: “Anteayer armó un alboroto al ver en ese lugar el aviso de La vida parisiense.

– ¡Venir a poner esto, decía con indignación, delante de un hombre honrado y formal como Cochrane! Y le pagó veinte centavos a un muchacho para que se lo llevase a otra parte”.

La nota luego continuaba: “En la mañana de ayer nueva indignación del inglés al encontrarse con el cartelón en el mismo lugar. Esta vez no pudiendo contenerse, se fue sobre él y cogiéndolo por una punta lo arrastró hasta colocarlo a los pies del candelabro, quedándose por su parte sumamente satisfecho”.

Al respecto, concluía El Mercurio de Valparaíso:

“¿Y saben que el inglés tiene mucha razón? Ese mueble no hace mucha gracia que digamos colocado en la estatua. Pero sea como fuere, al compatriota del héroe no le gusta, y es inútil insistir”.

El monumento a Lord Cochrane, inaugurado en 1873 por el intendente Francisco Echaurren durante la época que relataba el diario, estaba emplazado en la Plaza Sotomayor. Sin embargo, posteriormente, fue trasladado a la Avenida Brasil, donde está ubicado ahora. En 1920 se le agregó a la estatua la proa y el obelisco y, en 1925, se completó en la forma que se puede observar en la actualidad.

Lo que hace más de un siglo era considerado una falta de respeto, hoy pasaría completamente desapercibido. Sin duda, son otros tiempos. La misma imagen de un extranjero defendiendo a Cochrane nos conecta, inevitablemente, con la desastrosa situación que vive diariamente el monumento al general Manuel Baquedano. Seguramente, ya en el 2020, cualquiera que tratase de defender la estatua, si es que sobrevive, terminaría peor que el mismo Baquedano.

Separados solo por algunas décadas, hay un aspecto, además de tener estatuas, que une a Cochrane con Baquedano y es que, en mayor o menor medida, ambos fueron personajes polémicos.

El escocés fue acusado de un mal manejo de fondos en el parlamento británico y denostado públicamente, lo que lo traería por estas tierras. En tanto, detrás de la imagen incólume de Baquedano, se esconde una crítica soterrada a su actuar tanto en la Guerra del Pacífico como en la Guerra Civil de 1891. En la primera, se lo acusa de no haber sido lo suficientemente drástico con los soldados que ejecutaron la ocupación de Chorrillos y Miraflores. Esta falta de control se habría repetido más tarde, en 1891. Luego de que el presidente Manuel Balmaceda le cediera el mando, Baquedano habría dejado que las turbas se desbandaran en la capital, poco antes de la restauración del orden.

Si observamos con atención, a diferencia de lo que sucedió con Cochrane, que estaba ubicado en un lugar céntrico del puerto de Valparaíso, Baquedano, en cambio, fue ubicado en un espacio que, a inicios del siglo XX, estaba más cercano a la periferia que al centro.

Aunque el mundo militar lo niegue, había un intento forzado por perpetuar en la memoria colectiva a personajes como Manuel Baquedano o acciones de guerra como la batalla de La Concepción. El objetivo era dar, sin mucho éxito, con una figura perteneciente al ejército que pudiera disputar, en el panteón de los héroes, un espacio con Arturo Prat o con una acción que estuviese a la altura del 21 de mayo.

Sin buscarlo ni quererlo, la estatua que estaba en los arrabales de la capital, por efecto del crecimiento de la ciudad, terminó ubicándose en el centro. Pese a eso, Baquedano siguió siendo ignorado. Incluso, antes del 18 de octubre de 2019, todos hablaban de la plaza Italia, jamás de Baquedano, salvo por la estación del metro.

El monumento a Prat, en cambio, pese a que su estatua ha sido denostada en algunos lugares de Chile, se mantiene incólume en Valparaíso, quizás como consecuencia de un fuerte resguardo, pero también por su integridad como padre de familia, marino y ciudadano y el significado simbólico que tiene para una gran cantidad de porteños. A Baquedano, por el contrario, lo ronda el fantasma de la anarquía desde sus tiempos como general.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

Contenido relacionado

Redes Sociales

Instagram