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¿Ciudades bellas? El deterioro de Viña y Valparaíso

19 de Abril 2018 Columnas

Una fotografía publicada recientemente en El Mercurio grafica el escandaloso estado en que se encuentra la histórica plaza Aníbal Pinto de Valparaíso. Un cuerpo varado ocupa el primer plano rodeado de algo de basura, en el fondo se observan la inmundicia de los rayados que asolan la ciudad y una losa pegajosa. La imagen es asimismo una metáfora de un homicidio a pasos de la misma plaza que ocurrió apenas tres días antes que se publicara la foto.

A sus problemas históricos de basura, rayados y perros abandonados, Valparaíso suma ahora el consumo de alcohol en la vía pública, venta y consumo de drogas a destajo y violencia cruda. Si bien es cierto que aún subsisten espacios de civilidad, no es menos cierto que si no se revierte, el deterioro se expandirá. Es lo que ocurrió en la mentada plaza.

El grave deterioro de la calidad de vida en Valparaíso también es un problema que afecta a Viña del Mar, si bien en otra escala y en otros ámbitos. El necesario debate en torno a la “ciudad bella” da cuenta de ello. El problema creciente de Viña del Mar no tiene tanta relación con la violencia que se ha desatado en el Puerto, sino con el deterioro de sus espacios públicos en el plan como ha constatado Iván Poduje.

Con todas las diferencias que hay -en Viña además el problema de la basura y de los rayados 110 es tan severo como en Valparaíso- aparece una matriz histórica común que explicaría la decadencia de los centros urbanos y que ahora está afectando a Viña. Se trata del desplazamiento de la clase creativa y de las clases medias acomodadas del centro a la periferia.

Sucedió en los años 1950 y 1960, cuando muchas familias se desplazaron del Puerto a Viña. Hoy observamos análogamente el desplazamiento de muchos viñamarinos a Reñaca-Concón. El despoblamiento del centro urbano trae consigo un deterioro del sector. En torno al eje San Martín hoy habitan más turistas Airbnb que vecinos con residencia permanente. Y mientras el vecino se preocupa por su barrio -pues lo sufre o disfruta cotidianamente-, el visitante viene y se va sin importarte mucho su estado. Si la calidad del lugar que visita empeora mucho, pues cambiará su destino de vacaciones.

La inversión pública (y privada) en equipamiento urbano la mantención de los espacios públicos así las como estrategias que permitan conciliar la vida del turista con la del ciudadano son imperativos urgente. Para ello es necesaria una política urbana tan inteligente, es decir multisectorial, como enérgica. Por ahora lo anterior escasea, tanto en la “ciudad jardín” como en la “ciudad patrimonial”.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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