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#CACHAGUA

10 de Enero 2021 Columnas

El día jueves, las redes sociales explotaron por la filtración de un audio que daba cuenta de una fiesta de año nuevo en la que aparecían implicados grupos de ex alumnos de los principales colegios de élite de Chile. El audio, que comenzó a circular como reguero de pólvora por Whatsapp, fue objeto de múltiples reacciones.

Inevitablemente, la situación y la misma imagen de la fiesta nos hizo recordar la canción que, hace 35 años, lanzaron Los Prisioneros en su icónico álbum “Pateando Piedras”. Específicamente el tema “¿Por qué los ricos?”, que pareciera ser un adelanto de lo vivido en el balnerario: “Van a sus colegios a jugar / Con los curas con las monjas / De la caridad / Con sus cuerpos llenos de comida / Crecen como europeos /Rubios y robustos”.

Las imágenes y audios volvieron a despertar ese odio que se hizo patente desde el 18 de octubre de 2019 y que nos dio cuenta de un Chile fracturado, un país dividido en clases que se desprecian mutuamente y que funciona en base a la construcción de estereotipos del otro. Quizás para la mayoría de Chile o por lo menos para esa gran masa que dicta cátedra a través de las redes sociales, haber estudiado en colegios del barrio alto o universidades sobre la cota mil, los hace superficiales, metalizados, individualistas y atropelladores. Por el contrario, para este último grupo, los privilegios que tienen son producto del esfuerzo y del mérito, si el resto no los tiene “por algo será…” Aquí vemos lo peor de Chile, la de un país quebrado, con odios y resentimientos que, llevados al extremo, acaban con cualquier tipo de racionalidad y empatía. Mientras unos celebran que los cuicos se hayan contagiado, los otros festinaban con tres personas excedidas de peso que tenían un cartel que decía que tenían hambre en la comuna de El Bosque.

El análisis del audio de Cachagua también nos conduce a otra dimension que tiene que ver con el ámbito de las comunicaciones. Internet, las redes sociales y, ahora, Whatsapp han transformado completamente la manera de comunicarnos. Llamar por teléfono es, al día de hoy, un fenómeno raro y hasta molesto, limitado a ofertas y seguros que ya nadie quiere oir. Whatsapp ha generado redes y conexiones que, hasta hace pocos años, eran impensables. En tiempos de pandemia, qué mejor -y peor- ejemplo, de cómo los audios se viralizaron y permitieron que gran parte de los chilenos conociéramos a Pancho Correa, Victor Bessay y a Isi Reinecke. Sin quererlo, nos metimos en sus vidas, en su intimidad, la mayoría por simple curiosidad, otros para funarlos y el resto para burlarse. No medimos -a quién le importa- el daño que podemos provocar en sus vidas. La misma inconciencia, frivolidad y falta de empatía que le criticamos a los jóvenes por hacer una fiesta de forma irresponsable la terminamos cometiendo nosotros siendo parte de este juego, sin medir las consecuencias.

El último punto al que nos queremos referir, a partir de esta noticia, tiene que ver con las nuevas dimensiones que ha adquirido el humor en contexto de pandemia. A través de este verdadero tobogán que son las redes sociales y el famoso Whatsapp, todo pareciera circular a la velocidad de la luz. El humor, como lo señala el psicólogo, Dr. Andrés Mendiburo, es una manera de afrontar situaciones de estrés y, durante este último tiempo, lo hemos visto en su máxima expresión a través de diversas formas: audios, memes, videos, etc. Si la risa, como en la película infantil Monster Inc., pudiera generar energía, Chile estaría siempre iluminado. Lamentablemente, no funciona de esa forma.

Retomando el tema de Los Prisioneros, una de las cuestiones que más llama la atención de la canción que reseñábamos al inicio es que luego termina diciendo: “Y nunca trates de entender / ¿Por qué, por qué los ricos? / Tienen derecho a pasarlo tan bien / Si son tan imbéciles como los pobres”.

En el fondo, el éxito de los ochenta, lejos de focalizar sus críticas hacia un sector y quedarse en la lucha de clases que vemos hoy en día, nos lleva a una realidad que es la que nos ha acompañado durante toda esta pandemia y que se puede resumir en lo siguiente: La estupidez y el descriterio no es privilegio de una sola clase, sino que está presente de forma transversal en todo el país.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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