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Apuntes sobre el Barrio Yungay

27 de Marzo 2022 Columnas

El establecimiento de la residencia del presidente de la República, Gabriel Boric, en el barrio Yungay, ha puesto en el centro de la noticia a este tradicional sector de la ciudad de Santiago. A 120 kilómetros de la Plaza Victoria de Valparaíso, este barrio tiene una conexión poco conocida con nuestra ciudad.

Aunque a muchos el nombre les suene familiar, pocos saben que sus orígenes se remontan al triunfo de Chile contra la Confederación Perú-Boliviana un 20 de enero de 1839, en una localidad llamada precisamente Yungay, situada al noreste de Lima.

Excluyendo las guerras de independencia, la joven República no conocía de guerras ni de victorias militares. Por esta razón y en un proceso en que se buscaba consolidar al gobierno conservador, a la Constitución de 1833 y fomentar el patriotismo en los ciudadanos, se hizo una serie de actividades para celebrar esta victoria.

Algunas de ellas se llevaron a cabo de forma espontánea, mientras que otras fueron impulsadas por el gobierno del presidente Joaquín Prieto, tío de Manuel Bulnes, el general que lideró al Ejército Restaurador contra las fuerzas del mariscal boliviano Andrés de Santa Cruz en Yungay.

Entre las actividades oficiales, el presidente Prieto promulgó un decreto que estableció que en el “Llanito de Portales”, que era la quinta de recreo de Diego Portales Andía Irarrázaval, tío del ministro, se edificara un paseo público que tomará la denominación de Yungay. Junto con esto, se estableció que en este espacio se erigiera un arco triunfal y que en la fachada se colocará la siguiente inscripción: “El Pueblo Chileno consagra este monumento a la gloria del Ejército de Chile que bajo el mando del General Bulnes hizo la campaña del Perú y triunfó en Yungay en 20 de enero de 1839”.

La elección del lugar tenía un simbolismo ligado a nuestra ciudad. Por aquellos años, estos eran los límites de la ciudad de Santiago. Ahí se iniciaba el camino que recorrieron las tropas que marcharon a embarcarse a Valparaíso rumbo a la guerra contra la Confederación. De igual forma, esa fue la puerta de entrada por donde fueron recibidos los soldados victoriosos en este enfrentamiento.

Así como se llevaron a cabo acciones tendientes a consagrar la victoria, el presidente también quiso homenajear al puerto de Valparaíso por su exaltado patriotismo y extraordinarios servicios a favor de la guerra. Con este fin, se publicó un decreto que establecía: “La ciudad de Valparaíso añadirá a sus títulos de muy nobles y leal, los de muy benemérita y esclarecida”. Si la capital tenía un paseo que recordaba el triunfo sobre peruanos y bolivianos, en el puerto, la tradicional Plaza Orrego fue rebautizada como Plaza Victoria.

De vuelta en Yungay, Fidel Araneda en las crónicas sobre este barrio, señala que en sus inicios: “Aunque no había iglesias, ni escuelas, ni comercio alguno, ni mucho menos cuartel de policía, la gente pugnaba por adquirir terrenos en el nuevo sector, tan próximo a la parte céntrica de la ciudad”.

Araneda agrega otro dato interesante. El gran impulsor de este barrio fue Domingo Faustino Sarmiento, emigrado argentino que, además de ser columnista de El Mercurio de Valparaíso, luego fue presidente de la República Argentina. En este lugar, se instaló el famoso escritor para impulsar la educación en Chile a través de la Escuela Normal de Preceptores, creada por Manuel Bulnes en 1842. En este barrio, se crio además Dominguito Fidel Castro, que en realidad era hijo de Sarmiento con su amante argentina, esposa de Domingo Castro y Calvo. En sus memorias, Sarmiento cuenta que Dominguito se educó con sus padres, “a falta de niños de la vecindad con quien solazarse”. En la “alegre prisión de Yungay”, como él la llamaba, Sarmiento escribió algunas de sus obras más célebres: “Facundo” y “De la Educación Popular”. Ahí también recibía con alegría a sus compatriotas y amigos chilenos, entre los que destacaba José Victorino Lastarria.

Varias décadas después, tal como ha estudiado Gabriel Cid, surgió la figura del roto chileno como protagonista de esta guerra y la instalación de la estatua en la plaza que poca relación guardaba con quienes pelearon esta guerra.

Finalmente, la instalación de la residencia del Presidente en este sector me parece una noticia positiva y una buena señal de descentralización hacia lugares que estaban lejos de la órbita de los otros mandatarios. Esperemos que sea más que una “alegre prisión” y que a diferencia de “Dominguito” no quede aislado. Asimismo, y tomando en consideración esta vinculación histórica entre Santiago-Yungay-Valparaíso, que su nuevo hogar sea un presagio de mejores tiempos para nuestra ciudad.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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