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Anecdotario político

22 de Abril 2018 Columnas

No es casualidad que el ministro de Educación, Gerardo Varela, haya estado durante gran parte de esta semana dentro de los principales trending topics en Twitter. Su “salida de libreto” respecto de la vida sexual de sus hijos (a quienes catalogó de “campeones” al revelar que requerían una cantidad importante de preservativos) copó las conversaciones y permitió que los chilenos acuñáramos un nuevo término: las “varelicosas”.

Un vocablo que, más allá de provocar igual número de risas y críticas, no debiera referirse a las desubicaciones de un titular de una de las carteras más importantes del gobierno, ni mucho menos a su aproximación sobre la forma de evitar el dramático aumento de enfermedades de transmisión sexual entre los jóvenes.

Pero hace ya un tiempo que en Chile la discusión política tiende a la banalización de los temas, a la cosa chica, a la anécdota más que al debate profundo. Somos un país de clima frío, pero a ratos lo bananero se nos sale por los poros.

Esta semana ha sido precisamente eso. Una constante sucesión de desprolijidades, que no permiten que nos concentremos en los temas y los discutamos “con altura de miras” –como le gusta decir al mundo político-, sino que terminemos riéndonos y preguntándonos qué sentirán los hijos del ministro o, peor aún, las nueras del secretario de Estado.

Lo mismo sucede con la equivocación de su par de Salud, Emilio Santelices, respecto del aumento del contagio de VIH en Chile. Más allá de lo poco digno que es que haya tenido que salir su antecesora –de un color político radicalmente distinto- a corregirlo, el que el secretario de Estado diga que la cifra es mucho mayor a la mundial genera pánico y confusión en la ciudadanía. Al parecer, todavía no tiene claro que es una autoridad y, como tal, la preparación  antes de hablar es lo mínimo que se le puede exigir.

Tanto el aumento del contagio del VIH como  la posibilidad de instalar dispensadores de condones en los colegios apuntan a una discusión de fondo, que tiene que ver con la política de nuestra sociedad ante las enfermedades de transmisión sexual y cómo evitamos que más jóvenes sean parte de las estadísticas. Y ciertamente –cuando hay vidas en juego- este debate debiera estar lejos de la polémica barata y del chiste vacío. Y muy lejos de la ignorancia.

Pero esas no fueron las únicas desprolijidades de la semana. La bochornosa definición de la terna de donde saldrán los próximos directores de TVN es una muestra más de aquello. En un canal que está en una crisis profunda, se esperaría que el gobierno hubiera  actuado con seriedad y estudiado a fondo la ley, que -entre otras cosas- exige paridad de género. Lo mínimo esperable es que no envíen una propuesta a tontas y a locas.

La lista sigue. ¿Cuál era la necesidad de nombrar a Pablo Piñera, hermano del Presidente de la República, como embajador en Argentina? Las críticas no se hicieron esperar y los diagnósticos de “error no forzado” tampoco. Pero más que utilizar terminología del tenis, lo cierto es que es un error de proporciones, lisa y llanamente, y que le abre un flanco absolutamente innecesario al Presidente. La duda está en por qué el Jefe de Estado toma esta decisión: ¿realmente es tanta la dificultad para encontrar gente de sus filas dispuesta a colaborar con su gobierno? ¿O derechamente le da lo mismo que se genere un mal precedente y que la imagen de país cercano al desarrollo se nos vaya, en buen chileno, a las pailas?

El broche de oro es para el diputado UDI Osvaldo Urrutia con su reflexión respecto de las víctimas de la dictadura, a quienes tildó de “terroristas con aguinaldo”. Una vergüenza y una falta de respeto que debiera ser sancionada y que una vez más amerita revisar hasta dónde llega el fuero parlamentario y si todo lo que se diga en el hemiciclo cabe dentro de su “infinita misericordia”. En otros países, Urrutia iría a la justicia por algo así.

Y como la desubicación no es patrimonio de ningún sector político, esta columna no puede terminar sin mencionar al diputado del Frente Amplio, Florcita Motuda, y su negativa a instruirse “en un lenguaje técnico que no conozco” para poder gestionar proyectos de ley. ¿No es lo mínimo que se espera de alguien que postuló al Congreso?

En fin, una vez más, esta semana termina convertida en un anecdotario, con poca relevancia, pese a la importancia de los temas en discusión, donde se esperaría un debate centrado  en argumentos serios y profundos, y que no sirvan solo para convertirse en material para redes sociales y memes.

Publicado en El Mercurio de Valparaíso.

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