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Lou Reed: un poeta de alto vuelo

5 de diciembre 2018 Columnas

Tal como ocurrió con otras bandas y cantantes, mi gusto por Lou Reed se lo debo a mis hermanos. Ellos me introdujeron en el sonido de quien es, creo, uno de los mejores exponentes de la música norteamericana, además de uno de los fundadores más conspicuos del ambiente cultural y bohemio del underground neoyorquino. Lou Reed es, para mí, comparable en calidad e importancia a músicos tan relevantes como David Bowie o Bruce Springsteen. Quizás menos conocido, pero sin duda de una relevancia similar.

Hace unas semanas me topé con una biografía de Reed escrita por Anthony De Curtis, colaborador sempiterno de la revista Rolling Stone y profesor en Pensilvania. De Curtis no era amigo de Lou Reed, pero lo conoció lo suficiente para adentrarse en el mundo de un individuo cuya genialidad artística era tan palpable como sus mañas, sus iras incontrolables, sus desafortunadas entrevistas. La biografía entra en pasajes hasta cierto punto desconocidos de la personalidad atormentada de Reed, quien en su juventud fue, por ejemplo, sometido a electroshocks para “curar” su ambigúedad sexual. Sin necesariamente incurrir en un análisis psicoanalítico del personaje, De Curtis elabora hipótesis plausibles de lo mucho que le dolió a Reed la decisión de sus padres de someterlo a un experimento carente de toda base científica.

El libro recorre también los altos y bajos de la carrera de Lou Reed. Comenzando por The Velvet Underground, una banda señera de los años sesenta (con discos excelentes, como “Loaded”), De Curtis luego se detiene en los vínculos que formó con Bowie en “Transformer” o con Metallica en “Lulu”. Con todo, fue con John Cale, su amigo y rival en The Velvet Underground, que Reed alcanzó los niveles más altos de complicidad musical. “Songs for Drella”, el disco que ambos grabaron en honor a Andy Warhol, es una prueba maravillosa de lo bien que pueden sonar una guitarra afilada y un piano armónico cuando hay una buena letra detrás.

Las letras de Reed son, en efecto, tanto o más sobresalientes que sus acordes de guitarra. Uno de los argumentos centrales de De Curtis es que Lou Reed fue más que un músico; fue en realidad un poeta sufriente y de alto vuelo. A ello yo le agregaría las características sociológicas de la mayor parte de las composiciones de Reed, tomadas de sus escaramuzas por The Factory de Warhol o de las calles menos amigables de Nueva York. “Siempre quise ser un escritor y fui a la universidad con el objetivo de prepararme para tal destino”, dijo Reed una vez, para después agregar: “Creo que soy un escritor. Opero a través del rock and roll”. Sinceras declaraciones de quien logró mezclar lo mejor de la música y la literatura estadounidenses.

Publicada en La Segunda.

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